La Selección Colombia y su nuevo discurso corporativo

24.09.2014 20:37

 

No es casual que en las conferencias de prensa de la Selección Colombia de fútbol, los jugadores hablaran del grupo como su “segunda familia”, ni que se refirieran al mundial como “un sueño”, y que al referirse a los logros o records individuales siempre aclararan que “la prioridad es el grupo”. La excelente presentación de la Selección Colombia en el mundial de Brasil evidencia mucho más que la calidad de un puñado de jugadores y el liderazgo de un viejo zorro del fútbol.  En el proceso, como en el propio mundial, e incluso después de la eliminación del equipo, se hizo evidente un asunto crucial para triunfar como grupo: la identificación con un discurso corporativo.

El profesor José Pékerman es ante todo un gran líder,  con amplias competencias de político y excelente dotes de comunicador. Como líder, es un estratega que sabe combinar perfectamente el arte de dirigir con el de comunicar, de tal forma que no sólo guía a sus pupilos hacia el éxito sino que los convence de  la mejor forma de llegar a él. Tal como sostienen Gladys Acosta y Jorge Ignacio Sánchez en su libro Construcción de Identidad y función política en el discurso del Comunicador Corporativo, “La gestión estratégica de la comunicación es una práctica eminentemente política en la medida en que deviene de un tipo de acciones discursivas dirigidas a la congregación de voluntades para el logro de unas finalidades”. El técnico argentino construyó un discurso grupal y convenció de él a sus jugadores, de tal suerte que le sirvió para cohesionar el grupo.

Un discurso corporativo coherente evidencia una misión y una visión claras, por eso los jugadores colombianos llegaron rodeados de un bajo perfil y aunque poco a poco fueron creciendo en su juego y ganando en expectativas, en sus declaraciones a los medios siempre se mostraron mesurados, tranquilos, hablando el mismo lenguaje respetuoso y pausado que caracteriza a su líder, el técnico Pékerman. Eso da cuenta de que no sólo lo siguen, también le creen, lo respetan y lo escuchan.

Esta vez, por fortuna, el discurso corporativo de la Selección Colombia tuvo un tono mesurado: “vamos paso a paso, hay que resolver el partido que sigue”, muy lejos del derrotismo del 98: “con clasificar al mundial ya cumplimos” o al triunfalismo del 94. “tenemos el mejor fútbol del mundo”. En la selección de este mundial fue posible observar un mensaje bien estructurado, planeado y asertivo. Todos y cada de los jugadores que cumplieron con la misión de voceros ante los medios lo hicieron con precisión y altura, sin dejarse seducir por las alabanzas ni desorientar por historias de transacciones millonarias. Así como las organizaciones muestran en su discurso toda su experiencia comunicativa, los futbolistas de Colombia dejaron ver lo aprendido con el roce internacional y las enseñanzas de su líder.

Además, ese discurso expresado por cada uno de los jugadores demostró la verdadera identidad del equipo. Lo que son como colectivo, cómo hacen las cosas y para qué las hacen. Tal como lo señala Joan Costa, la identidad debe partir del reconocimiento de cuál es la realidad de la empresa o institución a nivel de comportamiento, pensamiento y comunicación. Y el gran logro de Pékerman fue mantenerles a los jugadores los pies sobre la tierra, para que se portaran como verdaderos profesionales, pensaran y hablaran como tal.

Ese comportamiento es evidencia de lo alcanzado en un proceso profesional que comenzó hace tres décadas y que hoy rinde unos frutos que superan lo exclusivamente deportivo. El propio Pibe Valderrama reconoció en alguna oportunidad que a pesar de la calidad futbolística,  los de su generación no tenían la preparación de los actuales: “fuimos la Selección de los gamines, estos pelados son los puppies, pero lo bueno es que están jugando bien. Estamos orgullosos”, precisó.

En la misma vía planteada por el comunicólogo español,  es prudente decir que esa forma de comunicar lo que hoy es la Selección Colombia fue la que permitió al mundo entero formarse una imagen positiva de ella, más allá del gran juego exhibido  que los llevó a los cuartos de final del certamen orbital. La identidad corporativa es la causa de la imagen corporativa, advierte Costa.  Por eso los 45 millones de colombianos nos permitimos soñar con este equipo, porque nos formamos una imagen sustentada en un comportamiento profesional, y manifestada en un discurso serio y responsable.

“De menor a mayor hemos ido avanzando y estamos en ese aprendizaje, nos falta mucho, y estos jugadores dan un ejemplo de humildad, han sostenido la idea con esfuerzo, han creído y no se van a conformar y espero que en el tiempo se mantenga esa misma postura”, afirmó el técnico nacional en su última conferencia de prensa; con palabras elaboradas a partir de un discurso unificado. ​Es evidente que todos los integrantes de la selección Colombia remaron para el mismo lado, convencidos de que llegarán a buen puerto si cada uno hace lo suyo para beneficio de todos y siguiendo las instrucciones del gran capitán del barco, ése que fue capaz de construir una nueva identidad para el fútbol colombiano y a quien hoy cariñosamente todos llamamos “Pekermán”.

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