El Fiscal como vocero… jaque a la institucionalidad

15.02.2017 13:42

 

La semana pasada, el Fiscal general de la nación Néstor Humberto Martínez dio declaraciones sobre los supuestos aportes de Odebrecht a la campaña de reelección de Juan Manuel Santos en el 2014 y a la de Oscar Iván Zuluaga el mismo año. 

Esta vez, contrario a su impositivo estilo en la oralidad, el fiscal vio confuso y dejó vacíos en la entrega de la información. Cometió un pecado capital en un vocero: se mostró inseguro ante los medios y se enredó al responder. Después de esa rueda de prensa, la credibilidad de Martínez, y sobre todo la de la institución, quedó en entredicho.

El Fiscal señaló que el exsenador Otto Bula, quien destapó el escándalo, "no presentó ningún documento" con el caul se pudiera comprobar que ese dinero llegó a esa campaña electoral y por tanto, según él, debía ser el Consejo Nacional Electoral el que se encargara de investigar si hubo o no irregularidades en el proceso electoral.

Para el sentir de muchos, Martínez le escurrió el bulto a un tema de vital importancia para el país. Para algunos, una lavada de manos olímpica, una muestra del “sacaculismo” rampante que impera en el país cuando de escándalos políticos se trata.

No vamos a entrar en la polémica que hoy discurre sobre lo que para muchos son turbias relaciones Vargas Lleras – Martínez – Santos.  Vamos a quedarnos en el análisis del papel jugado por el fiscal en la rueda de prensa de la que salió mal librado; en su actuar como vocero de la institución. 

Uno de los principios que debe orientar el accionar de los voceros institucionales es la coherencia. No la tuvo Martínez cuando un día antes había lanzado la piedra diciendo que iba a investigar hasta las últimas consecuencias y 24 horas después, en la famosa rueda de prensa, intenta moderar y bajarle nivel al tema diciendo que era asunto de la autoridad electoral.

El Fiscal y 48 millones de colombiano más sabemos que en Colombia solamente la Fiscalía tiene la experiencia investigativa y los recursos suficientes para establecer cuánto, cómo, cuándo, por qué vías y a qué personajes del país les inyectó dineros la firma brasilera para asegurar licitaciones en macroproyectos. 

Además, Néstor Humberto Martínez cometió un error de vocero principiante, salió a hablar ante los medios porque vio una oportunidad de mejorar su imagen, pero lo hizo sin tener preparado un mensaje. Olvidó que un vocero no responde preguntas, entrega un mensaje. Por eso, cuando le preguntaron por las pruebas respondió gagueando y le tiró la pelota a otra autoridad.

Visto ahora, podría afirmarse que Néstor Humberto Martínez se juega su credibilidad con el caso Odebrecht; pero analizado en retrospectiva la realidad es que perdió una gran parte de ella por no saber responder en la famosa rueda de prensa, por no tener un mensaje claro a la hora de hablar.

No está bien que un fiscal le escurra el bulto a una verdadera “papa caliente”; pero es más grave aún que un personaje con tanto fogueo periodístico no esté preparado al momento de hablar en situaciones complejas.

Tras seis meses en el cargo, y luego de construir una imagen de funcionario eficiente y ágil que atacaba de frente los problemas, su prueba de fuego, el caso Odebrecht, literalmente lo quemó. Actuó rápido, pero no midió el alcance de sus palabras, otro de los análisis previos que debe hacer un vocero antes de enfrentarse a los medios.

Por eso, cuando dijo que “las violaciones a las normas sobre financiación de campañas en Colombia no son delitos sino irregularidades administrativas” mandó su imagen al piso.

Podía haber tenido la razón, pero no fue la forma ni fueron las palabras adecuadas. Una cosa es trasladar el proceso del campo penal al administrativo, otra muy distinta es querer bajarle la temperatura a un tema que ese día ya estaba hirviendo.

En caso tiene en jaque al Fiscal. Su actuar y sus palabras entregan mensajes que van más allá del caso en cuestión, pues representan también el futuro de su gestión al frente del órgano más poderoso de la Justicia en Colombia. En la rueda de prensa, varios “macroerrores” pusieron en riesgo su credibilidad, ahora se juega su  legitimidad. 

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